OPINIÓN / LA TRASTIENDA

Apuntarse al “modelo Ayuso”, fatal error de bulto de Mañueco

alfonso fernandez mañueco

Además de agravar la situación sanitaria y generar mayores perjuicios económicos y laborales de los que pretendía evitar, la pasividad de la Junta puede prolongar los efectos de la sexta ola en plena cuenta atrás hacia las elecciones del 13-F.

Pedro Vicente | 03/01/2022 - 08:00h.

La sexta ola de la pandemia ha batido en Castilla y León todos records de contagiosidad desde que el coronavirus irrumpió entre nosotros. El número de casos registrados durante el pasado mes de diciembre superaba en vísperas de Nochevieja la friolera de más de 85.000 (9.768 de ellos notificados el penúltimo día del año). Sin embargo y por increíble que parezca, el gobierno que preside Alfonso Fernández Mañueco no ha adoptado ni una sola medida restrictiva ante esta explosiva situación epidemiológica.

Desoyendo las propuestas de su propio Comité de Expertos, la Junta ha ido dejando pasar las fiestas navideñas sin haber limitado horarios y aforos en ningún sector durante un periodo crítico por la movilidad de las personas, las reuniones familiares y los eventos sociales.

¿Cómo se explica que con la mayor tasa de incidencia registrada durante toda la pandemia (2.538 casos el pasado día 30), la Junta haya permanecido impasible, sin adoptar ninguna medida restrictiva ante una crisis epidemiológica que colapsaba las Urgencias y la Atención Primaria del Sistema Regional de Salud?

Importado sin complejos el "modelo Ayuso"

La clave de la respuesta radica en lo ocurrido el 20 de diciembre, fecha en la que, al convocar elecciones anticipadas, el presidente Mañueco dinamitaba el gobierno de coalición, cesando abruptamente a la cuota correspondiente a Ciudadanos, de la que formaba parte la hasta ese día consejera de Sanidad, Verónica Casado.

A lo largo de la pandemia se había mantenido en el seno del Consejo de Gobierno un difícil y tenso equilibrio en materia de restricciones. Ante la manida dicotomía entre Salud y Economía, el presidente se inclinó claramente desde el principio en favor de la segunda, cediendo, cuando lo ha hecho, siempre a regañadientes, ante las propuestas restrictivas de la consejera Casado.

Esa laxitud de Mañueco se agudizó a raíz de la rotunda victoria electoral de Isabel Díaz Ayuso, de la que extrajo la conclusión de que, cuanto menos fueran las restricciones adoptadas, más favorable era la respuesta en las urnas. Una conclusión que ha llevado hasta sus últimas consecuencias a lo largo de esta sexta ola, una vez libre del contrapeso que ejercía la consejera Casado, cuyo sucesor, Alejandro Vázquez, del PP, comparte la estrategia del presidente. A modo de tarjeta de presentación, Vázquez se declara partidario "de dejar que los ciudadanos sean dueños de sus vidas" (sic).

La estrategia ayusiana de hacerse el don Tancredo en esta ola se ha basado en una realidad científica: Aunque su capacidad de expansión es infinitamente superior, la variante ómicron produce efectos mucho menos dañinos sobre la salud de una población mayoritariamente vacunada, reduciendo muchísimo el porcentaje de contagiados que requieren hospitalización. Y a partir de este dato la Junta ha decidido desentenderse por completo de la tasa de incidencia y tomar como único referente el número de hospitalizados y el grado de ocupación de las UCI, que ha sido y todavía es muy inferior al de anteriores olas.

Fiasco sanitario, económico y laboral

Pero el criterio anterior ha constituido un error de absoluto bulto, ya que no se han tenido en cuenta los efectos que tal explosión de contagios iba a producir por sí misma sobre el Sistema de Salud y la propia actividad económica. No es simplemente que permanezcan colapsados desde hace semanas los Centros de Salud.

Además de eso, el crecimiento exponencial del número de contagiados y las consiguientes cuarentenas a seguir han originado miles de bajas laborales con el correspondiente coste económico de las mismas y los estragos causados especialmente a pequeñas empresas y autónomos, tal como ha lamentado el presidente la patronal regional, Santiago Aparicio. Y para completar el fiasco, la saturación de los centros sanitarios ha propiciado el contagio de más de un millar de profesionales del Sacyl, diezmando aún más a un personal al borde de la extenuación.

El fin de semana previo al lunes 20, el presidente Mañueco disponía de las propuestas que él mismo había recabado al Comité de Expertos. Entre ellas figuraban las de clausurar de nuevo las barras de bares y restaurantes y cerrar el ocio nocturno a la una de la madrugada, medidas adoptadas hace tiempo en la inmensa mayoría de las comunidades autónomas.

Pero siguiendo el modelo Ayuso y obsesionado con no volver a pisar el callo del sector hostelero, pagano en el pasado de muchos palos de ciego sin fundamento, Mañueco se hizo el Don Tancredo y así ha seguido hasta hoy. Por querer evitar determinados daños económicos, la pasividad de la Junta ha originado otros mucho mayores, de los que no se han librado tampoco los propios hosteleros, que, amén de las bajas laborales, han tenido que cancelar gran número de reservas por el temor de la clientela ante la desbocada contagiosidad.

Y lo peor está por venir

Fiarlo todo a un "autocuidado personal" sin ninguna medida coercitiva ha permitido al ómicron campar a sus anchas por Castilla y León, que ha finalizado el año como la cuarta comunidad autónoma con mayor incidencia acumulada, con esa tasa de 2.537 solo superada por Navarra, País Vasco y La Rioja, comunidades que, junto a Aragón y Cantabria, han concertado medidas comunes para combatir la expansión del virus en sus territorios.

Mientras tanto, aunque en proporción muy inferior, el número de hospitalizados no ha parado de crecer, al punto de haberse duplicado a lo largo del mes de diciembre. De los 275 registrados el día 1, se ha pasado a los 555 del día 30, fecha en la que el porcentaje medio de ocupación de las UCI superaba el 28 por ciento (107 ingresados). Todo ello cuando las víctimas mortales causadas por la pandemia en Castilla y León se cifraban la pasada semana en 12.020, más de 200 de ellas fallecidas en diciembre.

Sin haber concluido aún las fiestas navideñas, lo peor de la sexta ola está todavía por llegar a lo largo de un mes de enero que se ve prevé sanitariamente tan horribilis o más que el diciembre que hemos dejado atrás. Haber convocado elecciones en plena pandemia fue una imprudente decisión, a la que se ha añadido el fatal error de bulto de inhibirse, al más puro estilo Ayuso, ante la más explosiva de las olas hasta ahora conocidas. En el pecado puede llevar Mañueco la penitencia si, como todo indica, los efectos sanitarios de esta sexta ola se prolongan hasta el 13 de febrero.

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