HISTORIA

El periodista Carlos Hernández descubre los 296 campos de concentración de Franco, cinco de ellos en Burgos

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La provincia de Burgos fue uno de los hitos más importantes en la ubicación de campos de concentración en la represión franquista.

burgosnoticias.com  | 08/06/2019 - 12:51h.

Burgos fue la provincia que tuvo más importancia en el sistema represivo de Franco con cinco campos de concentración, los más largos en el tiempo, con un elevado número de prisioneros. Un libro del periodista y escritor Carlos Hernández de Miguel recoge una de las partes de la Historia más desconocidas, los campos de concentración que se prodigaron por toda España durante la Guerra Civil y varios años después del fin de la contienda y que lleva por título 'Los campos de concentración de Franco'. Ha descubierto hasta 296.

Hernández ha explicado que en Burgos existieron hasta "cinco campos de concentración". De ellos, cuatro están perfectamente identificados, en Aranda, Lerma, San Pedro Cardeña y en Miranda de Ebro. El último, que dependía directamente del Palacio de la Isla, no lo tiene ubicado, estaría en la ciudad y estaría formado por prisioneros que trabajaran para la inspección de los campos.

El de Miranda es el más conocido y el que más perduró en el tiempo, 10 años, en el que hubo "muchos prisioneros extranjeros". Primero de las Brigadas Internacionales y luego de países aliados, nazis, y otros. Y por eso se hizo famoso este campo. Cuando estos prisioneros regresaron a sus países, "escribieron sus memorias, su historia"; y se empezó a hablar del campo de Miranda, mientras que de los 295 restantes no hablaron, por las amenazas de cárcel y de muerte y porque mayoritariamente eran españoles. Y se impuso el silencio.

En el de San Pedro Cardeña se unificó, a mitad de la Guerra Civil, todas las capturas de Brigadistas; o la importancia de Lerma, donde el sistema represivo de Franco secuestró el Palacio Ducal como base de represión, lugar de "prisioneros inútiles, que no servían para trabajar, lisiados". Quizá el campo "más siniestro" de toda la represión. O el enorme campo de Aranda, varias veces ampliado, que acogía, además, "a menores de edad". En estos campos murieron de hambre y enfermedades presos políticos y prisioneros, sufrieron torturas y humillaciones, muchos de ellos afines a la cultura política y moral de la España republicana.

Política de Estado

Ningún gobierno ha querido, desde la restauración de la democracia, hincarle el diente a la historia y reconstruir  "lo sucedido en aquellos años del franquismo y ponerlo en los libros de Historia", ha asegurado Hernández. Es "sorprendente" que no se haya incidido en este tema, cuando, por ejemplo, los alemanes "sí han llevado a los libros de texto" lo ocurrido en el Nazismo.

Echa en falta "una política de Estado" para sacar a la luz este pasado "tan olvidado".  Y apunta a que la "democracia no quiso mirar hacia el pasado". Lógico en los años de la transición, pero un tiempo muy bueno, perdido, "sobre todo a partir de 1986, con la segunda mayoría absoluta electoral de Felipe González". Ahí se pudo acabar con toda simbología franquista y con el relato histórico "falso" y una parte muy manipulada de la historia.

De esta manera  Hernández recoge en su libro información sobre los campos de concentración creados durante el franquismo, que llegaron a albergar a medio millón de prisioneros al final de la Guerra Civil, uno de los capítulos menos estudiados y conocidos de la represión tras la contienda.

Un sistema de "represión y exterminio selectivo" que tenía sus objetivos diferentes a "otras unidades" de trabajos forzados, por ejemplo. Es una pata del "sistema represivo franquista" formado por los 296 campos y "los mil batallones de trabajadores". Quienes pasaban por ellas no habían sido condenadas  acusados de nada; "simplemente son prisioneros de guerra o presos políticos civiles" y sumaban entre 700.000 y un millón.

Carlos Hernández es periodista y escritor, colaborador habitual de diversas publicaciones y medios digitales y experto en comunicación empresarial y política. Ha recibidos varios premios por su labor periodística y ha publicado varios títulos relacionados con los represaliados de la dictadura franquista como 'Los últimos españoles de Mauthausen'.

Comenzó su andadura profesional como cronista parlamentario en Antena 3 y después ejerció como corresponsal de guerra en Kosovo, Palestina, Afganistán e Iraq. Más tarde fue redactor jefe del semanario 'La Clave' y ocupó diversos cargos de asesor de comunicación política y empresarial. Premio Víctor de la Serna al mejor periodista de 2003, concedido por la APM y el Ortega y Gasset de periodismo otorgado a los enviados especiales a Iraq.

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