OPINIÓN

Los fastos y los virus

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El que las aglomeraciones de personas favorecen la transmisión del coronavirus, es una de las pocas características de esta maldita pandemia que nos asola en la que tanto los expertos como la gente del común parece que estamos de acuerdo

Juan V. Velasco | 06/08/2021 - 11:20h.

Todavía tenemos vivo el recuerdo de las grandes aglomeraciones que se dieron al principio de la pandemia, tanto en eventos deportivos como en manifestaciones y que se comportaron como la espoleta de una bomba cuya epidémica explosión ha costado a este país más de 100.000 muertos, ha colapsado nuestros centros asistenciales durante largos periodos dificultando el tratamiento de todo lo que no era COVID 19 y ha provocado la mayor crisis económica desde la guerra civil.

Tanto es así que una vez cumplido el objetivo de celebrar el 8-M el Gobierno procedió a encerrarnos en nuestras casas durante prácticamente 3 meses para evitar la transmisión del virus.

Pues bien, casi año y medio después, está claro que en Burgos todavía no hemos aprendido la lección, llegando el caso de que el vicepresidente de la Junta se ha autocalificado como de "idiota".

Con una variante vírica que es 60 veces más contagiosa que la inicial, nuestras autoridades autonómicas, locales y eclesiásticas, siguen haciendo de su capa un sayo para saciar las insaciables apetencias de protagonismo de alguno, como es Méndez Pozo.

Mirando para otro lado con la excusa de celebrar el VIII Centenario de la primera piedra de nuestra querida Catedral y "ad maiorem gloriam" y no de la Catedral precisamente, se ha planificado y permitido por los irresponsables de nuestros políticos la celebración de actos públicos multitudinarios que no han hecho más que colocarnos y mantenernos en cabeza a nivel nacional de la trágica clasificación del contagio por el coronavirus.

Después del fin de curso escolar, del botellón urbano, de San Pedro y de San Pablo, han venido los fastos cardenalicios que no catedralicios, para que el coronavirus siga transmitiéndose ferozmente a lo largo y ancho de Burgos.

Todos tenemos en la retina las imágenes de la concentración en la plaza del Rey San Fernando la noche del 19 de julio con motivo de la inauguración del nuevo alumbrado de nuestra Seo, o las de los fuegos artificiales varias noches. ¡Como si el coronavirus no existiera! Lo mismo que el resto de actos (misa, conciertos, pasacalles, comidas y otros fastos, salvo los pasteleros, que aunque se suspendieron también concentraron personas, niños principalmente.

Y si en las últimas horas hemos conocido que 3 festivales en Cataluña han dejado la friolera de 2.300 positivos, no podemos por menos que preguntarnos ¿cuántos de los contagios de los que venimos sufriendo en Burgos han tenido su origen en estos eventos?
La Generalidad de Cataluña ha reconocido el error de permitirlos y ha pedido disculpas a la ciudadanía. Todavía estoy esperando que Mañueco, Igea, Casado, Ibañez, De la Rosa, Marañón, Rico... hagan lo mismo. Estoy convencido de que como cobardes que son, eso no ocurrirá.

Seguramente nunca conoceremos con exactitud el número de contagios producido en estas celebraciones, pero sin lugar a duda han contribuido y notablemente a que Burgos haya sumado varios días más casos nuevos que Valladolid y León juntos con casi tres veces menos de población.

He realizado una pequeña suma de los datos oficiales de la Junta de Castilla y León desde los ofrecidos el 19 de julio ( inicio de las juergas ) hasta el 5 de agosto, y las cifras hablan por sí solas. Burgos ha tenido 4.705 casos reconocidos frente a los 4.596 de Valladolid, los 2.627 de León y los 1.572 de Salamanca. Y si hablamos de fallecidos, son respectivamente, 21, 12, 18 y 4.   ¡Que cada uno saque su propia conclusión!

A la vista de todo esto y como reflexión me pregunto, ¿no habría valido la pena esperar celebrar el VIII Centenario a que se hubiese controlado la transmisión del virus?

En un escenario de transmisión controlada los burgaleses hubieran disfrutado a plenitud y sin riesgo de los actos, no se hubiese facilitado unos contagios que no acabamos de superar y con total seguridad a la catedral que nos mira desde lo alto de sus agujas con la humildad del que se sabe inigualable y con la perspectiva temporal de sus de ocho siglos le hubiera dado lo mismo.

Todos tenemos claro que la Catedral habría esperado. Yo también que muchos están engordando aún más su ego con ella.

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