CULTURA

Ocho periodistas españoles y uno francés fueron ejecutados en Burgos durante la Guerra Civil

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autor: monetización.com

El libro "La prensa en Burgos durante la Guerra Civil" saca a la luz las crónicas que los corresponsales extranjeros se dejaron olvidadas en el hotel Norte y Londres poco antes de la caída de Madrid.

burgosnoticias.com  | 23/09/2018 - 00:48h.

Nueve periodistas fueron ejecutados y varias decenas encarcelados y represaliados en Burgos, según se desvela en el libro "La prensa en Burgos durante la Guerra Civil", publicado por la editorial Fragua y del que son autores nueve periodistas e investigadores burgaleses.

Según José María Chomón, coordinador junto con Clara Sanz de esta obra, Diario de Burgos fue el medio local que sufrió la mayor represión. Su director, Ignacio Albarellos, era sospechoso de izquierdista, al igual que el redactor jefe, Leandro Vargas o Guillermo Santamaría Cardiel, este último encarcelado. El redactor Julio Martínez Palacios fue ejecutado.

La relación de periodistas y colaboradores de periódicos ejecutados en Burgos es la siguiente: Julio Martínez Palacios, Antonio José Martínez Palacios, Antonio Pardo Casas, -estos tres de Burgos- Luis Díaz Carreño, Fernando Sánchez Monreal, Federico Angulo Vázquez, Manuel Carrasco y Formiguera, José Luis Sainz Barrón y el periodista francés, André Neumann. Agapito Nieto Toca, fotógrafo cántabro y empleado de oficina, murió de tuberculosis en la cárcel.

El periodista norteamericano Alex Small, corresponsal de The Chicago Tribune, se salvó milagrosamente de la pena capital. También fue ejecutado el burgalés Pedro Díez Pérez en Asturias por los nacionales.

En la zona republicana ejecutaron a los periodistas burgaleses o que trabajaban para medios burgaleses Ángel García Vedoya, Ricardo Gómez Rojí, Miguel Martínez de Setién, y Ramiro Ruiz de Dulanto.

Un buen número de periodistas fueron encarcelados y/o represaliados, entre ellos Manuel Machado, Eduardo Miguel -fundador de La Libertad-, Federico Yudego, o Jean Vertex, corresponsal de Ce Soir y Le Petit Parisien.

El libro 'La prensa en Burgos durante la Guerra Civil', de 368 páginas, incluye una relación de los periodistas que trabajaron en Burgos durante el conflicto armado, así como "Las crónicas de guerra del Norte y Londres", encontradas en este hotel y escritas por corresponsales extranjeros coincidiendo con la caída de Madrid, entre ellas una de Kim Philby, el espía doble que fue condecorado por Franco y que bajo el manto de la corresponsalía de The Times espió para los servicios secretos de la Unión Soviética.

En el capítulo 'Estructura de la prensa y propaganda durante el Gobierno de Burgos', Patricia Carro analiza el proceso a través del cual el Bando Nacional creó una estrategia con estructura militar para controlar la información que de la contienda se difundía dentro y fuera de las fronteras españolas.

El primer organismo de control de la prensa se denominó Comisaría de Propaganda y Prensa. También se aborda cómo la ciudad se convirtió en un centro de publicaciones, que observó el nacimiento de algunos grandes medios como la Agencia EFE.

Clara Sanz, en el capítulo 'Diario de Burgos y El Castellano contra la República: periodismo de trinchera en la capital de la cruzada', profundiza en los contenidos de la prensa burgalesa durante la Guerra Civil. En la nueva concepción totalitaria que el bando franquista le tenía reservado a los medios de comunicación, Diario de Burgos y El Castellano actuaron como portavoces y altavoces de la propaganda fascista al servicio de la causa de Franco.

Otros de los aspectos destacados es el papel desempeñado por los corresponsales de Italia, Portugal y Alemania. Según Carlota Martínez, en Burgos estuvieron grandes plumas como Aguiar, Boaventura, Sorrentino, Barzini, Montanelli, Sandri, Bassi...

Alguno fue severamente castigado por sus crónicas y otro, como Hans Lazar, de ideología nazi, destacó por las presiones que ejerció sobre el nuevo régimen en la ciudad de Burgos.

En el capítulo 'La fotografía: un reflejo de la vida cotidiana de Burgos durante la Guerra Civil', Miguel Moreno explica cómo las imágenes de Burgos fueron escasas y repetitivas, centradas en la figura de Franco y en actos oficiales del nuevo régimen.

Sin embargo, en los archivos oficiales y particulares se conservan numerosas fotografías de los reporteros nacionales y extranjeros que nunca vieron la luz, o que se publicaron exclusivamente en la prensa internacional. Estas imágenes desconocidas aportan no solo una visión nueva de la guerra, sino también el pulso de la vida cotidiana en la retaguardia.

La radio en la Guerra Civil se centra en el papel desempeñado por este medio como altavoz oficial de los sublevados, primero por Radio Castilla y después por Radio Nacional.

Miguel Calvo se refiere a los locutores Julio Gonzalo Soto y el actor y soldado Fernando Fernández de Córdoba, que lanzaron desde Burgos al resto de España, los mensajes radiofónicos con la especial intención de hacerse oír en las provincias fieles a la República.

El 1 de octubre de 1936 Franco acudió personalmente al locutorio de Radio Castilla, en el Teatro Principal, para dirigir su primer discurso horas después de haber sido proclamado jefe del Gobierno y generalísimo de los Ejércitos.

Por su parte desde el locutorio de Radio Nacional en Burgos, el 1 de abril de 1939, Fernández de Córdoba leyó el último parte de guerra. También se relata la primera demostración vivida en Burgos en 1938 por Franco de un sistema alemán, la fonovisión, que permitía. comunicarse mediante la imagen y la voz.

El libro dedica también dos capítulos a la prensa en Miranda de Ebro y Aranda de Duero. Según Rodolfo Vélez, ante la falta de periódicos locales, los mirandeses se informaron a través de Diario de Burgos y El Castellano, y de los periódicos de provincias limítrofes, como Álava y Logroño, que disponían de corresponsales en la ciudad.

Máximo López destaca la importancia en esa época de 'El Eco de Aranda', editado entre 1928 y 1937, dirigido por los Misioneros Claretianos.

Se convirtió en instrumento de divulgación del pensamiento oficial de la Iglesia, siendo también fuente indispensable para conocer un ordenado y completo relato cronológico de los principales hechos acaecidos en la comarca de la Ribera del Duero durante la Guerra Civil.

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