ARQUEOLOGÍA

Los Celtas en Burgos (I)

Fotos Celtas

Será a finales de la Edad del Bronce-comienzos de la Edad del Hierro, cuando los influjos celtas clásicos llegan a nuestras tierras a través de los Pirineos orientales y occidentales en un contexto cultural que llaman Campos de Urnas, remontado el valle del Ebro hasta lo que es hoy la provincia de Burgos.

Ignacio Ruiz Vélez / Institución Fernán González
21/01/2026 - 11:45h.

Es muy difícil definir el concepto de celta porque es un término que, en principio, se refiere al conjunto de pueblos que poblaron Europa occidental durante la Edad del Hierro (ca. 800-romanización) y hablaban diversas lenguas celtas que tuvieron su origen en un tronco común, las llamadas lenguas indoeuropeas; y éstas con otras anteriores llamadas protoindoeuropeas, quizás, relacionadas con la cultura yamnaya, de finales del IV milenio y comienzos del III a.C. (comienzos de la Edad del Bronce), y que desde las estepas orientales póntico-caspianas emigraron, por diversas razones, a Europa central y occidental. Los estudios de los ADN masculino y mitocondrial así parecen confirmarlo.

La llegada de estas gentes supuso unos cambios importantes, sociales y económicos, afectando sustancialmente a las poblaciones indígenas de la Península Ibérica. El uso del caballo y del carro de ruedas y una metalurgia más desarrollada son sus credenciales, junto a otras aportaciones también importantes como las funerarias y rituales. El impacto de esa cultura en nuestra península está aún por ver.

Según las fuentes greco-romanas los territorios célticos de Iberia fueron muy importantes, sobre todo en territorios del interior donde habitaban, según ellas, los celtíberos y los berones; pero también otros pueblos o tribus (populi según las fuentes) de la meseta, del norte, de occidente y del suroeste pues eran de filiación céltica. La documentación epigráfica y la onomástica, de personas y dioses, de esos pueblos indican su raigambre céltica. Por otra parte la documentación arqueológica conocida en estos últimos decenios permite analizar la formación del mundo celta de la península y comprender los procesos culturales que explican su nacimiento y la evolución de los distintos grupos culturales que generaron.

Con la llegada de estos influjos culturales se van a definir en la península dos ámbitos: uno el de las costas orientales y sur a donde llegan los influjos fenicios y griegos derivando a sociedades protoestatales y más desarrolladas; otro, el de las mesetas y el norte, más relacionadas con el mundo europeo de raíz céltica que acabarán incorporando los avances de aquellos a través del mundo celtibérico.

Conviene señalar que aquellas gentes vivían, desde el Bronce Final, en poblados situados en zonas elevadas ("castros de altura") con defensas naturales y complementadas con defensas artificiales (murallas y fosos). Estos poblados continuaron ocupados durante toda la Edad del Hierro y, algunos, en época romana.

Aquellos influjos culturales llegaron a estas tierras a finales del Bronce y comienzos del Hierro estableciéndose dos ámbitos cultuales netamente diferenciados durante la Primera Edad del Hierro: uno, propiamente de los Campos de Urnas, asentado en la Bureba sobre el substrato de la Edad del Bronce; y otro, más al sur (valles del Arlanzón, Arlanza y Duero), llamado de Soto de Medinilla, por el yacimiento de Valladolid, que evolucionó de un contexto anterior del Bronce Final, llamado horizonte cultural de Cogotas I.

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